Laberinto

by Alejandro Cifuentes-Lucic

Aquí estoy en tu laberinto,
en el corazón silencioso de tu abrazo,
entre la tierra, el sosiego y el musgo
que sostienen los pilares de piedra de tu nombre,
y que no encierra otra virtud
que la preciada libertad,
y la ofensiva verdad que es estar,
prisionero en tus muros.

Impera la noción de que el tiempo
es una candida y extraña expresión de la vida,
que se erije como una trampa perfecta
que nos seduce a intentar,
a comprender su naturaleza esquiva
y no vivenciar su escencia,
esa que se dibuja en los rostros duros
y en las horas,
en las eras perdidas,
y en las hebras de tu recuerdo,
y de aquellas inclemencias que aquejan nuestra mirada,
y hacia el final,
nos alejan de la pureza que significa
quedarse un segundo mas sosteniendo tu beso
y tus manos suaves clavadas en mi rostro ajado,
como si no existiese alguna imposición
sobre esta simple acto que es dejarse llevar
por la quimera oscura que deja tu silueta
al alejarse sinuosa en la desnudez
de estas palabras.

Aterido en la soledad de tu laberinto,
inicié este periplo a ciegas,
con mi escasa valentía  a cuestas,
sobre el designio que ilumino tus versos,
los ultimos.

Puedo decir que confié en tu augurio
y dí este salto al vacío,
bendecido en el mensaje en clave que escondía,
sin comprender aun que el tiempo para el destino,
no tiene leyes que lo rijan o lo infortunen.

¿Qué debo ofrendar, mi amor,
para abandonar este,
tu laberinto?

Simple
despojarme del lastre muerto de mi vida,
de la armadura de mi vanidad,
esa vana creencia que yo era la realidad,
que mas palabras en si
eran tu verdad,
el rigor de tus ojos
en la oscuridad incierta, mortal.

Alejandro Cifuentes-Lucic@ catalejo 2011-12-12
Escrito en el desierto del Tamarugal

Fotografía: “Muro”.
Original de Chicho Valentino (España).
Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

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