Un caballero de metal

Postrarse en sumisión fue el más cándido de los actos ingenuos,
armarse caballero en esta vida requiere un poco más que honor:
lo sabes,
no basta que reluzca una armadura,
ni la nobleza de tu espada,
ni la tragedia de tu historia,
ni la dulce gloria o el ideal de tu destino,
ni en que mano empuñas la espada o la fuerza de ambas
o cuantos golpes impactaron tu yelmo.

Sólo conseguirás ser un caballero
cuando en la zozobra
cuando en la derrota
cuando de rodillas
cuando en la muerte,
cuando mirando tus ojos,
renuncies al acto altanero que guía tu mirada hacia la roja violencia
y decidas abdicar del penacho del orgullo,
aquella arrogancia que te cubre con su oscura capa.

Caballero, cabalga solo con el peso de tu armadura y de tus armas,
hoy que la arboladura que encadena tu condena,
es ya solo lastre de una vida pasada,
el silencio riguroso de la voz que mora más allá
de las palabras.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2009

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