Amores de verano

Le temo a los amores de verano.

Desde muy joven llegué a creer que al despuntar el mes de marzo (aquí, en el hemisferio sur), estos amores -al igual que el solsticio de verano- tienden a extinguirse, a fugarse a otras latitudes, a morir a medida que avanza insalvable el invierno hacia estos cálidos meridianos. Pero una cosa es temerles y otra muy diferente es hacerles frente. Así, de forma simple. Tengo un amor de verano. Hoy. En pleno verano.

Me dice hola en la mañana con su voz fresca, muy temprano.  Me pregunta cómo será mi día y si me puede llamar de cuando en cuando, cada cierto intervalo que termina por ser casi todo el tiempo de la jornada matinal.  Me dice que le encantaría almorzar de nuevo conmigo en ese boliche solitario del casco antiguo de la ciudad, completamente a solas y furtivos, incluso de las miradas de las meseras que esperan impacientes desocupar las mesas para dedicarse a otros menesteres más personales. Me recuerda que me quiere y que necesita que la ame de nuevo como aquella tarde cuando por fin cedió a todas las tentaciones y tomó la iniciativa de incendiar el verano con la contribución amable e interesada de nuestros cuerpos desnudos. Me invita a que tomemos un helado de canela y que miremos despreocupados los escaparates de las tiendas. Me pregunta si me gusta tal o cual camisa, o si ya leí ese libro que está en la vidriera de la librería. Mientras sonríe, le tomo una fotografía en medio del lugar: aparece leyendo con un millar de libros de fondo y clavándome esos ojos negros con la mirada más intensa que puedo recordar. Esa fotografía es precisamente la que guardo en mi billetera.

Si volviera sobre los miedos de mi juventud, debería temerle también a este amor de verano. Sin embargo, es otra cosa la que me hace cerrar los ojos, suspirar, pensar detenidamente en algo que no tiene que ver con el calor del estío propiamente tal. Tiene que ver con ella. Y lo que es. Es ella. Y lo que representa. Atesoro una pregunta impertinente, una duda crucial, el temor de saber si todo esto será amor, locura, maldad o aburrimiento… porque -verás- después de todo ahora es verano…

Es muy probable que ella se marche también al terminar la naturalidad del sol en esta estación estival.

Alejandro Cifuentes-Lucic © 2010 – Libro E

Photograph: “Playa Brava” – Original by the author.

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