El fuego del olvido


Me gustaría ser esa lluvia
perpetua, insoportable, insolente,
que alimente grácil,
la humedad azul de tu cuerpo,
fraguada en la roja delicadeza del sol,
esa que siega de rocío
las mañanas invisibles del desierto.

¿Qué decir de tantas soledades
que van castrando el alma
con la fuerza de la ansiedad desmedida,
que se van deformando en angustias y pesares,
que se van quedando olvidadas
como las flores secas en un sepulcro,
que se van disipando en el corazón
como el sopor pálido
de tu recuerdo y de tu aroma,
en los clásicos días oscuros de lluvia
y viento?

¿Es tu soledad más fuerte que la mía,
que termina atándote a ella
como yo enredándome en ti?

Inevitable,
lo extraño todo de ti,
ineludible,
lo que perdí
en el fuego del olvido.

Eres todo lo que me falta,
la razón de lo que me sucede,
el sentido de lo que existe
al interior de mis palabras
y de la ofrenda que dejo escrita
entre los brotes tibios del firmamento,
mientras la vida nos inspira,
impetuosa,
a talar la oscuridad,
a tallar la luz.

En este periplo de sombras
de cara al universo,
encontré un solo sol,
y muchas lunas,
encalladas en el anochecer.
Y una noche para luxar los deseos
y dejarlos tatuados en el pecho,
como el brillo orgulloso
de haber tenido
tus brazos enredados a los míos,
y tus labios ensortijando mi cuello
con esas promesas liberales
que solo la humedad tienta.

Te extraño con el sentido de una patria,
con la visión del cielo perenne,
imposible,
con la extrema convicción
de nuestro sitio
aquí en la tierra,
mortal como el frío puñal del adalid,
acerado como la aceptación del tiempo.

Ya nadie escribe poesía queriendo mecer
en sus brazos
el olvido de esos ojos
que maldijeron los míos,
ardiendo con la prolijidad del abandono,
con la exactitud de la derrota,
la calma rota en traiciones
y detalles.

Y recuerda que la soledad es siempre,
y que yo soy más que eso.
¿Me dirás ahora el destino de tus alas?
Ya que te haces sombra, me despido.
Ya que eres de otro lugar, me quedo.
Ya que sueñas libertad, me encadeno.
Ya que no eres mía, me vuelo.
Ya que tu nombre no era el mío,
sólo me resta el recuerdo de tu silencio,
quemando como el grito
en una herida sin sangre,
como la delicada congelación
de los latidos.

Siempre merodea un corazón
en las alas de la soledad.
¿Y si eso de morir de amor
es solo una ilusión
del que ya ha muerto de amor?
Y sí, irreversible,
me haces saber que los versos
tienen otro sabor
en la aventura de tu boca,
y que las horas sepias de ayer,
las escribí con el alma muda
de cantares.

Y me perdí en tus ojos.
Y sabiendo de mi estupidez,
seguí perdido.
Y así seguiré mañana.
Estúpido y perdido,
en el fuego de tu olvido.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2011
El imperio de las migajas – 2011

@CifuentesLucic

Fotografía: “El camino de la Muerte” – Original de Adriana Reid (México). Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.

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16 comentarios en “El fuego del olvido

  1. Alejandro, amigo: poeta de siempre… Gracias por enviar este hermoso poema “El fuego del olvido”, con tanto sentimiento y significado en el día de mi cumpleaños… Me encantó la forma de como ibas entregando tu mensaje suave y tierno, a veces con pasión, como si fueran palabras bordadas por las manos de una madre que recién ha dado a luz… Versos que llegan y conmueven el alma, y que brotan de tu corazón sensible a las realidades presentes. Me encantó como ibas desarrollando la intención y el significado que querías entregar con tus versos. Un abrazo y un saludo cordial y amistoso desde la distancia de Chile.

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  2. Alejandro, amigo: poeta desde siempre. Gracias por enviarme este profundo y significativo poema para mi cumpleaños. Gracias por el detalle. Me llegaron al alma profundamente tus versos sentidos y limpios, con palabras escogidas, con sentimientos bellos, bordadas como con manos de madres que recién han dado a luz… suave y tierno, lleno de sentimientos candentes que seguro han brotado de tu corazón de poeta sensible a la realidad… Me encantó la forma de entrelazar las palabras para darle el propósito que deseas… Gracias mi amigo… Abrazos sinceros desde la distancia… Chile…

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  3. Las soledades, la penumbra de la nostalgia, las ausencias y el olvido… La intensidad del dolor, más apasionada que la felicidad misma, el trago amargo del desamor… generador de energía creativa, liberadora y fértil para el cultivo de un buen verso, una canción, el trazo de un pincel.

    Saludos, poeta.

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  4. Quien extraña con el sentido de una patria sabe que halló el continente carnal ante el que rendirse: unos labios, ayer, fueron las islas que nos invitaron a naufragar; la piel fue y existió, envolviéndonos los ojos, tan intensos. Quien es capaz de añorar la misma ausencia sabe que encontró, al menos una vez, las manos exactas y la boca precisa.
    Precioso poema.
    Un saludo.

    +1

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  5. Hola Alejandro,

    Me ha impresionado tu poesía, como vas desgranando letra a letra, verso a verso tu sensibilidad y talento.

    Emotiva y sentida, con esa misma intensidad me ha llegado. Muy hermosa.

    Gracias poeta!

    Un abrazo.

    Montserrat

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  6. No es solo un poema, es más que eso: un himno gigante, un canto a los sentidos y un ejercicio de romanticismo insuperable; me gusta el poeta que se libera de bridas, me encanta el poeta que se sube a la montaña y grita a pecho descubierto al calor de la luna o al abrigo de la luna.

    Qué suave mezcla de estilos: la intensidad de Neruda tamizada bajo el filtro del Bécquer más ardiente y qué gran acierto el de la foto: la lluvia es fría, es azul, igual que los vientos que la amparan, pero tú nos obligas a cambiar de prisma a la luz cálida de unos tonos abrasadores y apasionados.

    ¡Viva la soledad si la cantas tú!, rozas la obra maestra.

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  7. Muy apasionada y cargada de sentimiento; llena de arte y de talento del que ya me he admirado con anterioridad.

    Ha sido una interesante lectura poética (me lo leo e imagino con voz) y un agradable momento en que mis propios sentimientos parecen mezclarse con lo leído y lo descrito.

    Saludos.

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  8. Haber perdido en el fuego todo cuanto se extraña, saber qué falta, qué sentido, qué se olvida, que camino falta, saber del silencio y del grito, saber de ilusiones dentro de otras ilusiones, saber de ayer y de hoy, de unos ojos, otros ojos, donde nos sabríamos perdidos, saber del fuego y a fuego, saber.

    Es hermosisisisisisissimo, Alex.

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  9. Muy intenso, me gustó especialmente la segunda estrofa, en especial estas dos líneas:

    ¿Qué decir de tantas soledades
    (…)
    que se van quedando olvidadas como las flores secas en un sepulcro (…).

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