Confrontación (versión acústica)

Dime de qué te escondes,
tú que le tienes miedo al viento de la libertad que aspiras,
cada mañana,
cuando inspiras mi nombre frente al sol.

Le temo a la franqueza enrarecida del vendaval que exhalas,
cuando ignoras mi piel,
ya extinta entre las cenizas de aquella alborada.

Y no le temes a la sinceridad que oculto bajo las cicatrices
de tu recuerdo,
pero sí me ahuyentas el recuerdo de los besos que,
irrefrenables,
incendiaron tu cuerpo de sentido.

Ahora con saña remarcas cada huella de lo que fueron tus besos,
sin ser yo la culpable del olvido ni del recuerdo,
tan sólo pedía tus ojos y tu alma,
pero recibía tus manos y tu frío.
¿Por qué no incendiarte conmigo?

Porque quise simplemente traspasar la frontera de tus decisiones,
y hacerme carne real en tus sueños,
humedad al contacto de nuestras miradas,
belleza en el roce de las voces y las palabras,
inundar de realidades tu mañana,
iluminar con tu corazón las oscuras avenidas de mi destino,
y regalarte lo que he guardado
-fundido así en el pecho-
todos estos años de búsquedas y cegueras.

¿Por qué nunca mencionarlo,
por qué llevarlo contigo?
¿A quién recurro ahora que he decidido el olvido?
No puedo vivir de un hubiera, mucho menos del pasado.
Tu voz calló y lo lamento,
tu corazón se guardó tanto y tanto sentimiento.
Eso de ser vulnerable no iba en tu pensamiento
y hoy que nos hemos perdido,
qué ganas con hurgar entre versos y enredos y laberintos.

Pero fue tu boca la que me puso en esta encrucijada.
Fueron tus palabras las que alentaron la vorágine de estos besos.
No fue el recuerdo,
fue tu presencia.
No fue el silencio,
fue el tono de tus caricias.
Y fui yo.
Sí, soy culpable de amar lo que imaginé,
como inocente de dejarte ir,
ahora que ya no estás.
No te amo por vanidad,
ni te dejo por hidalguía.
Lo hago porque sin ti deja de tener sentido todo lo escrito,
lo soñado,
la inspiración que alguna vez descubrimos antes del amanecer.

No te amarres a nuestro ayer ni flageles más las heridas,
ni toda esta melancolía o amarga sensación traerán nuestras esencias a la vida.
Duele… Me duele que mis labios, la sangre y el aire que respiro
oxidaran por completo tu espíritu,
duele que me trates como el Judas que te vendió sin estima
cuando amé tus ojos, tu sonrisa y esa cadenciosa poesía,
tal como aquella hiedra que algún día me envenenaría.
Te permití arrebatarme la niña y mujer que tenía,
te di caricias llenas de ilusión que más tarde romperías.
No me vengas con vagas imaginaciones cuando siempre cumplía
hasta la más mínima de tus peticiones;
no enuncies tu sentido por el amor que me tienes,
que desde hace mucho andas sin rumbo,
sin una brújula que te oriente.
Olvida que mi vestido alguna vez rozó tus pupilas,
recogeré de una vez los vestigios de un corazón que ha quedado malherido
por empeñarnos a permanecer contigo.

Aún no te das cuenta que fue tu silencio
lo que amordazó la lengua de mis palabras,
la odisea de mis versos perdidos de tu voz.
Erradiqué mi dolor en tu recuerdo para prosperar en la idea peregrina
de permanecer en esta historia,
para jurar que nada había muerto en este espacio regado
de aquellas memorias de cuando jugábamos a la indecencia del placer,
convertidos en un torbellino de fuego que iba arraigándose pesadamente en el alma,
como cuando el primer beso,
como cuando la primera mirada,
como cuando por primera vez nuestros corazones liaron
en un dueto de palpitaciones, susurros y sudor,
hasta quedar ensortijados en nuestra piel.
No tengo nada.
Ni la tormenta de tus ojos,
ni la furia de tu cuerpo:
preferiría morir de tu indiferencia que vivir
en esta sensación que es perderte en la llovizna que seca mi boca
con el agrio sabor de la distancia,
la sombra de tu rostro que veo reflejado en los talentos que tuve que vender,
al hipotecar mi espíritu desnudo y destruido,
al desahuciar mis esperanzas,
al mancillar todas las promesas y los sueños por amar a una mujer como tú.

Pongamos punto final.
Quédate con los recuerdos y la mordaza de tu voz,
termina de apagar el fuego que aún avisa entre las cenizas
y guarda tus ingenuas indecencias junto con tus placeres más prosaicos.
Te dejo los besos dados y ese sudor que aún no termina de recorrer tu cuerpo,
mis susurros que a otros gritarán
y mis distancias que a otros seguirán.
Te dejo mi indiferencia y tres abrigos para tu alma,
sólo pido que la encadenes,
ya no dejes que me siga.
Ahoga tus promesas junto a los sueños de amor
porque ya no deseo tu silueta tras mis huesos.
Olvídate de todo,
también de aquella mujer que ha dejado de existir.

Lo que queda de mi después de ese último abrazo,
esa última pérdida que va significado petrificar
la mirada en el horizonte vacío.
Me guardo las cenizas para mañana,
porque sé que volverás a arder cuando recuerdes el sabor de mi boca
revoloteando en tus ojos tristes.
Para un punto final,
un adiós.

—–

Colaboración original de May Rovles & Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2011.

Publicación original en: http://www.juaveler.com/blog/en (http://bit.ly/qP78IE)

May Rovles (México) es autora del formidable y hermosos blog Confesiones de una Rana http://rovles.wordpress.com/

Fotografía: “Tequila (en el agrave)” – Original de Adriana Reid (México). Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.

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9 comentarios en “Confrontación (versión acústica)

  1. TU VOZ:

    No tengo nada.
    Ni la tormenta de tus ojos,
    ni la furia de tu cuerpo:
    preferiría morir de tu indiferencia que vivir
    en esta sensación que es perderte en la llovizna que seca mi boca
    con el agrio sabor de la distancia,
    la sombra de tu rostro que veo reflejado en los talentos que tuve que vender,
    al hipotecar mi espíritu desnudo y destruido,
    al desahuciar mis esperanzas,
    al mancillar todas las promesas y los sueños por amar a una mujer como tú

    ————————–

    MI VOZ:

    Ahora tienes todo, de tanto atizar tu aliento en mis pupilas, se volvieron caldero de afectos. La furia ha cesado convirténdose en un remanso donde sólo caben atardeceres plenos. Hemos de morir poco a poco sí, pero ahora con la presencia consumada de la luz que nos ofrecemos a tiempo completo. Ya no ha distancia posible para este fuero, nuestras almas erradicaron las sombras, trepamos muros y desconsuelos.

    Tenemos cada uno el espíritu vestido por los abrazos del otro, y así fundidos en la esperanza que trae la primavera de nuestro encuentro, hemos dejado de hacer promesas, para dar paso sin dudas a este sueño de vivirnos desde adentro, en este y el próximo tiempo.

    http://claristrig.wordpress.com/2011/11/09/laberinto-a-dos-voces-su-tormenta-mi-remanso/

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  2. Pingback: Laberinto a dos voces: Su tormenta, mi remanso « LABERINTO

  3. Me ha gustado mucho este poema que invita a una relectura. Tiene, además, ese aire clásico, y esa distancia que intenta el personaje masculino y que hasta el último sabemos no logrará…
    Gracias por esta lectura.
    Seguiré por aquí, y volveré.
    Saludos.

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  4. ¡Impresionante y cautivante de principio a final! Aplaudo tu talento como poeta y la creatividad con que escribes tus letras. Me hacen pensar que tengo todavía un largo camino frente a mí antes de escribir poesía tan admirable como la tuya… y eso lo considero esperanzador.

    Saludos

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