La oración

Porque tú eres perfecto, Dios, y yo soy tan imperfecto, sentenció la voz, quebrando así el silencio del crepúsculo que teñía de oscuridad el aislamiento, y dejando un dolor vivo en los corazones de aquellas almas perdidas y aprisionadas entre estos muros de piedra muerta. Después, el llanto. Una desgarradora sucesión de sollozos y quejidos que se hicieron finalmente silencio, agrietando el propio rigor del silencio. La oscuridad de esa atmósfera asfixiante vulneró la última oposición que la razón puede batallar a la soledad y a la sensación más imperativa que es, abandonar en el capitanear, nuestro propio rumbo del espíritu. Quizás los sollozos se hicieron anónimos en los individuos y sus celdas, pero nadie escuchó nada, esa noche, en esos muros. Nada.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012
Memorial del 18 de noviembre de 2011. Módulo 91, Alto Hospicio.

@CifuentesLucic

Fotografía: “A ti”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

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2 comentarios en “La oración

  1. http://claristrig.wordpress.com/2011/12/22/mi-laberinto-la-salida/

    Que más quisiera yo que abrir la puerta, derribar los muros y no dejar rastro tu agobio. Ojalá los dioses se apiadaran de mi alma que yace cautiva al lado de la tuya y nos dejaran transitar los parajes que alguna vez imaginamos.

    No tengo tanto poder, de hecho no tengo ninguno, mi fe, mis augurios no es más que el aliento de Dios sobre mi cuerpo, lamento rendirme ante ti sin solución alguna, quisiera que el amor lo pudiese todo, más este amor que se volvió tinta para escribir oraciones en pergaminos antiguos, todas invocando tu nombre.

    No te puedo mostrar la salida, he intentado y sin saber frutos, mostrarte el camino hacia adentro, allí donde tu naturaleza necesitaba un tiempo a solas contigo.

    Hoy lo único que puedo decirte es que si hallas la salida, que sea justo al borde del camino donde empieza nuestra historia, esa que pudiera ser, para toda la vida.

    Nunca supe del amor, hasta que lo convertí en fe, ojalá esta sea la salida

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