Nostalgia

Nostalgia

Dime que esta nostalgia
no morirá en mis poros,
que sobreviviré a la fiebre
de haberte besado.

Maldita bendición
sería la de abrazarte
solo una vez en la vida,
y olvidar tu piel.

Busco respuestas
en tus palabras,
pero no tengo las preguntas;
perdido de esta forma,
soy solo un suspiro breve
en tus lágrimas.

Y no dejo de amarte;
así no estés,
así no existas,
no dejo de amarte
porque sería negarme
mi propio ser,
la misma existencia.

Ella era mi alma
y yo simplemente
respiraba sin ella,
que era mi alma.

Eres mi alma
y yo lo olvidé.

Y dije que eras mi alma,
aún en la nostalgia;
y te dije:
por todo firmamento
el rubor de tu mirada;
por toda estrella
el calor de tu pecho;
por toda luna
la bóveda de tu cuerpo;
por todo sol,
tú.

Mientras estás en el cielo
rompiéndote las alas
entre vuelos y caprichos,
yo sigo en tierra,
ciego de tanto caminar
con la vista en alto,
con la mirada en la nostalgia.

Me quedo con todo eso de ti
que se ha ido dibujando
en los versos de mis labios,
además del abrazo,
del beso
y del te quiero.

No te olvides de mí, nostalgia.
Esta noche.
O ninguna otra.
Aunque no hayan estrellas.
Aún sin cielo.
Así como quien respira
y no puede olvidar hacerlo.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2014

Fotografía: «Nostalgia» del autor.

@cifuenteslucic

En un café

Un ángel.

Me reúno con el demonio. Hace un calor de los mil diablos. Él, traje y corbata roja, camisa blanca con colleras, todo comprado en París. Bebe agua mineral sin gas. Mira a los ojos, directamente.

Conversamos largo y tendido sobre la situación del mundo. No evita sonreírse sobre las tragedias o las guerras o el hambre o la discriminación. Es más, parece jactarse, sutilmente. Me comenta, como si nada, que él solo «mete la cola»; el resto es cosa de ustedes que, por nada, lo evitan. Eso del libre albedrío. «No son mis reglas; tú sabes como soy yo». Las cosas se podrán peor, anuncia, como quién estuviese ofreciendo más café.

Al final, me mira risueño y pregunta «¿Por qué vienes?».
«Por lo de mi alma» digo y le cambia el rostro.

—No está en venta— dice y se pone en pie. Por primera vez le noto los cuernos. Echa fuego por la mirada. Unos ojos ígneos que parecen surgidos de una ocre pesadilla.

—Mi alma—insisto—No es mía, es de ella. Hubo una confusión. Pero el demonio no está para explicaciones.

—Son míos, entonces— se ofusca.

Pero le digo «Ya no la amo».
Ah, bueno, eso es otra cosa y se rinde.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2014

@cifuenteslucic

Fotografía: “Flores”. Original desconocida.

Los números de 2013

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 4.500 veces en 2013. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 4 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Canciones de musas y poetas

Musa

1

Cuando se está demasiado tiempo
en silencio,
el alma se nutre de las palabras
que atormentan la boca.

2

Siento tu presencia más profunda
cada día,
como una penetración de luz
en mi oscuridad,
como una aguja
que teje orgasmos
donde antes se leían versos.

3

Mis alas tienen ese color marrón
de los muertos al nacer.

4

Adoro a los poetas que se atan los zapatos
con versos.

5

¿Será posible el trueque
en la poesía?
Te escribo un verso
y me das un beso.
¿Y por un poema completo?
¿O una oda o un poemario?

6

Los poetas y las musas
beben vino rojo
hasta el amanecer.
Al día siguiente,
se levantan con resaca,
se besan,
se despiden
y se visten
de calle.

Los poetas y las musas
juegan ajedrez
desnudos sobre un piano de cola
negro,
mientras la ciudad se incendia.
Beben vino rojo.

7

Aquí el mar mutó
en desierto
y el cielo
se hizo infierno.
Aquí,
en esta tierra de muertos.

8

Soy un camaleón bohemio
en el callejón carmesí
de tus piernas.

9

De tantos besos crudos
se erizó la almena
de tu vientre.

Así,
desnudos
en la imperfecta arquitectura
de los cuerpos,
me viste ser arena.

10

Mi consuelo
está en tus besos de caracola,
que se enroscan en mi cuerpo
como una enredadera desbocada
que gime en tu interior de hojarasca.

11

Soy tu señor, mi señora.
Mi reino de sangre y hueso
te pertenece.
No tengo más que ofrecerte
que este corazón
que bombea vida y palabras.

12

Al final los poetas ven como las musas
terminan amando a otro,
cada día,
desde siempre.

Los poetas no son bienvenidos
en el infierno de los críticos.

Alguna vez vi un poeta emborracharse
y cantarle corridos a los muertos.

Un poeta no necesita más epitafio
que su nombre.

Si amas a un poeta,
rómpele su espejo.

Ustedes,
los poetas,
y esa manía de creer
que toda luna
aúlla.

La letra pequeña de la poesía
nos puede dejar ciegos.

Los poetas creen verlo todo bien
con los poros.

13

Debe existir un algoritmo capaz de deducir
lo que esconde el rubor alado de un beso.

Me admiro de quienes construyen un universo
a partir de una palabra.

14

En toda luna
hay una marea por nacer.

Una luna sin noche
sigue siendo una perspectiva distinta.

Llueven cometas negros
en el lado oscuro de la luna.

15

Leería en braille todo tu cuerpo,
con la punta de mis dedos,
con las yemas encendidas.

Soy un piano
en sus manos de arpegio.

16

La única ciencia que queda
por estudiar
es la indiferencia.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2013

Compilación de <<100 días en tuiter>>, primera parte.

@cifuenteslucic

Fotografía: “Tentación”. Original de Marijana Lucic (Serbia). Usado con permiso del autor. Libre de derechos.

En un rinconcito del alma

Alma libre

1

He muerto.
Un pedazo de ti se perdió
en un rincón de mi alma.
Ahogado en sargazos,
desangro el aire
con el relente
de tu mirar.
He muerto.

2

Enredados en un mismo surco
somos la semilla que crece
y se desvanece en la arboleda
de nuestras pretensiones
de alma arrinconada.

3

Te brindo el reino de mi alma
para que juegues a la poesía
con tus hadas.

4

Soy un alma en pena
en estas soledades.

5

Mi alma emigró
hacia tu morada.
Cuídala.
Era única.

6

Mis ojos tu alma
mi mirada tus ojos
mi alma tu mirada.

7

Un pedazo de mi alma
se quedó en la bocanada
de tu beso.

8

Ese rincón oscuro que envilece
esa densidad que te posee
eso que te pertenece
ese corazón que me adormece
esa suavidad que persiste.
Alma.

9

Aquellos fantasmas
que me amaron,
cada uno
se adueñó de mi alma;
alguna vez quisieron
ser libres,
pero mi cuerpo
los encadenaba.

10

Oscuro epitafio aquel de las almas
que no amaron con suficiencia.

11

He amado cada rincón de tu cuerpo,
he amado el firmamento de tu alma,
he amado tu mirada sin verla.

12

De tu inspiración alada,
mi respiración agitada.
En un rincón,
un poema.
En un verso,
mi alma.
Y tú,
mirándome
con tus ojos
de fuego.

13

Te amo con solo escribirte,
con solo devolverte la mirada,
de solo imaginar tus labios mordiéndome
el rincón más agudo
que mi alma guarda.

14

Mi alma por tu beso
no es sacrificio.

15

Respiro desde el último rincón
de mi alma.
Desde allí te escribo.
Te beso.

16

El ocaso termina.
Llega el destino.
Clarea mi alma.
Sonríe tu mirada.

17

Arrincóname a besos, alma mía.

18

¿Dónde quedó mi alma,
en qué rincón,
después de tan solo una hora?

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2013

Compilación libre de mi participación en la justa poética
organizada por @Micro_Poesia el 13 de septiembre de 2013.

@cifuenteslucic

Fotografía: “Por la Lastra”. Original de @Minipunk Arias (España). Usado con permiso del autor. Libre de derechos.