En un café

Un ángel.

Me reúno con el demonio. Hace un calor de los mil diablos. Él, traje y corbata roja, camisa blanca con colleras, todo comprado en París. Bebe agua mineral sin gas. Mira a los ojos, directamente.

Conversamos largo y tendido sobre la situación del mundo. No evita sonreírse sobre las tragedias o las guerras o el hambre o la discriminación. Es más, parece jactarse, sutilmente. Me comenta, como si nada, que él solo «mete la cola»; el resto es cosa de ustedes que, por nada, lo evitan. Eso del libre albedrío. «No son mis reglas; tú sabes como soy yo». Las cosas se podrán peor, anuncia, como quién estuviese ofreciendo más café.

Al final, me mira risueño y pregunta «¿Por qué vienes?».
«Por lo de mi alma» digo y le cambia el rostro.

—No está en venta— dice y se pone en pie. Por primera vez le noto los cuernos. Echa fuego por la mirada. Unos ojos ígneos que parecen surgidos de una ocre pesadilla.

—Mi alma—insisto—No es mía, es de ella. Hubo una confusión. Pero el demonio no está para explicaciones.

—Son míos, entonces— se ofusca.

Pero le digo «Ya no la amo».
Ah, bueno, eso es otra cosa y se rinde.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2014

@cifuenteslucic

Fotografía: “Flores”. Original desconocida.

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En un rinconcito del alma

Alma libre

1

He muerto.
Un pedazo de ti se perdió
en un rincón de mi alma.
Ahogado en sargazos,
desangro el aire
con el relente
de tu mirar.
He muerto.

2

Enredados en un mismo surco
somos la semilla que crece
y se desvanece en la arboleda
de nuestras pretensiones
de alma arrinconada.

3

Te brindo el reino de mi alma
para que juegues a la poesía
con tus hadas.

4

Soy un alma en pena
en estas soledades.

5

Mi alma emigró
hacia tu morada.
Cuídala.
Era única.

6

Mis ojos tu alma
mi mirada tus ojos
mi alma tu mirada.

7

Un pedazo de mi alma
se quedó en la bocanada
de tu beso.

8

Ese rincón oscuro que envilece
esa densidad que te posee
eso que te pertenece
ese corazón que me adormece
esa suavidad que persiste.
Alma.

9

Aquellos fantasmas
que me amaron,
cada uno
se adueñó de mi alma;
alguna vez quisieron
ser libres,
pero mi cuerpo
los encadenaba.

10

Oscuro epitafio aquel de las almas
que no amaron con suficiencia.

11

He amado cada rincón de tu cuerpo,
he amado el firmamento de tu alma,
he amado tu mirada sin verla.

12

De tu inspiración alada,
mi respiración agitada.
En un rincón,
un poema.
En un verso,
mi alma.
Y tú,
mirándome
con tus ojos
de fuego.

13

Te amo con solo escribirte,
con solo devolverte la mirada,
de solo imaginar tus labios mordiéndome
el rincón más agudo
que mi alma guarda.

14

Mi alma por tu beso
no es sacrificio.

15

Respiro desde el último rincón
de mi alma.
Desde allí te escribo.
Te beso.

16

El ocaso termina.
Llega el destino.
Clarea mi alma.
Sonríe tu mirada.

17

Arrincóname a besos, alma mía.

18

¿Dónde quedó mi alma,
en qué rincón,
después de tan solo una hora?

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2013

Compilación libre de mi participación en la justa poética
organizada por @Micro_Poesia el 13 de septiembre de 2013.

@cifuenteslucic

Fotografía: “Por la Lastra”. Original de @Minipunk Arias (España). Usado con permiso del autor. Libre de derechos.

La vanidad de mi cobardía

¿Se puede hablar de lo que pudo ser,
de lo que quiso nacer, quizás, como un deseo irreverente,
una entereza ciega, la pasión desmedida, despiadada, bella y perversa,
o de lo que simplemente intentó permanecer atado a las circunstancias del tiempo,
así de feble e inestable, así de poroso y alado, fantasmal como una lágrima seca,
maniatado, ajado, rancio e impenetrable como las raíces que amortajan el alma,
agrietado, seco y moribundo por el embrujo de unos ojos crueles, oscuros,
azuzado, herido, revolcado, disipándose, tenue y enmascarado, en la neblina
de la indecisión y de la comodidad,
en la callada y oprobiosa complicidad del aburrimiento y la perversión?

No soy más que mi vanidad creyendo amar en el sentido
eterno de la palabra.
Y aunque tu voz refleje la negación de lo que se es,
de lo que somos en la sensual fricción de esta ficción,
en la propia cobardía de mañana y en el miedo a entregarse hoy,
de convertirse en la brisa negra y penitente que mece las decisiones,
en la dulce conciencia de las amarguras y de los vanos juramentos,
en el sol impoluto que despeja una verdad dentro de la piel de una mentira,
la voz muda que rompe el equilibrio de los besos y de las condiciones,
el vértigo inmune que destruye el viraje de los vientos y la tentación de las mareas,
aquella soledad del alma que dijiste reparar con mi presencia
y que, en la hora final de mi ausencia,
en la complicidad voraz de las sombras,
se transforma con violencia en la broma que sacude esta desgracia
que es apostar al amor y no dejarle espacio al olvido.

Los sueños de mi alma,
no los asesine un corazón cobarde.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2011
Original de El Color de la Lluvia – 2011 [Borrador]

Fotografía: “Death and decay”.
Original de Marijana Lucic (Kikinda, Serbia).
Usado con permiso de la autora.
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