Soy verso

Desierto culmen

Yo que soy desierto,
por ti,
podría abrazar el mar
y soñar que soy verso.

Soy verso sentido.
Soy verso,
luego persisto.
Soy verso
con vocación de firmamento.
Soy verso en los labios
de tu alma,
en la boca
de tu boca,
en el culmen
de tu seno
azucarado.
Soy verso
que amanece en ti.
Soy verso
aunque no sea poesía.

Soy verso,
yo que soy desierto,
yo que en tus alas extravié
mi capacidad de ser viento.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2013
Libro: El albedo de la luna / 2013

@CifuentesLucic

Publicado en Salto al Reverso / @saltoalreverso

Fotografía: “Desierto culmen”. Original del autor en http://goo.gl/4f1QHc.

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El número 6

El 6
Tengo frío
en el corazón,
aquí
en el corazón
del desierto,
desolado
como la inquieta arenisca
de Marte,
silencioso
como las quebradas
inmaculadas de la Luna.
Pero aquí
tengo el corazón frío.

En estos muros
acerados,
las calles
y las torres
tienen su numero grabado a fuego,
escrito en negro:
la torre silente
es la número 7,
y el modulo de pasadizos
y barrotes el 1,
el dormitorio de sueños
pasajeros consigna el 3,
y yo,
desnudo y anónimo
en la identidad,
con la mirada clavada
en el suelo vulnerado
por las huellas espartanas
de tantos recuerdos
y pesares,
soy el numero 6.

Una guardia armada
protege este castillo,
mientras otra guardia interna
cela los cerrojos
y las entradas,
que solo el silbido
irrespetuoso de la cuenta,
altera en su esencia
indiscreta,
la rutina
y las horas vacías
que anteceden a cada amanecer,
a la sola existencia
del número que soy,
el número 6.

Otros hombres
imparten justicia,
lejos de la penumbra
púrpura de este desierto,
conservando los números
vigilantes
desde la época de otras victorias
victorianas,
en las tribunas grises
de antaño
que hoy administran leyes
que atenazan la libertad,
no importando la inocencia
que se dibuje
en el rostro.
Aquí,
hasta el infierno
tiene su número,
el 91
y yo soy
el número 6.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

@CifuentesLucic

Ilustración: “Uno”. Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

Laberinto

Estoy
en tu laberinto
en el corazón silencioso
de tu abrazo
entre la tierra,
el sosiego
y el musgo,
sosteniendo los pilares de piedra
de tu nombre,
que no encierran
otra virtud
que la preciada libertad,
ofensiva verdad
que es
estar
ser
prisionero en tus muros.

Impera la noción
que el tiempo
es una cándida experiencia,
una extraña expresión
de la vida,
que se erige incólume
como una trampa perfecta
que nos seduce
a intentar,
a tantear
a comprender
su naturaleza esquiva,
y no evidenciar
aquellos aspavientos
de su esencia,
los que se dibujan
en los rostros duros
y en las horas,
en las inclemencias
dadas y perdidas,
en las hebras delgadas
de tu recuerdo,
y en aquellas certidumbres
que aquejan
nuestra mirada
y que hacia
el final
nos alejan
de la pureza
de la significancia
de quedarse un segundo más
sosteniendo tu beso
y tus manos suaves
clavadas en mi rostro
ajado,
como si no existiese
ninguna imposición
sobre esta simple acto
que es dejarse
llevar
por la quimera oscura
que dejó tu silueta
al alejarse
sinuosa
en la desnudez
de estas palabras.

Aterido
en la soledad
de tu laberinto,
inicié este periplo
a ciegas,
con mi escasa valentía
a cuestas,
sobre aquel designio
que iluminó tus versos,
aquellos últimos.

Puedo decir
que confié
en tu augurio
y di este salto
al vacío,
bendecido en el mensaje
en clave aquí escondido,
sin comprender
que el tiempo,
para encontrarse
con el destino,
no tiene leyes que lo rijan
o le sirvan
de infortunio.

¿Qué debo ofrendar,
mi amor,
para abandonar este,
tu laberinto?

Despojarme
del lastre
muerto de mi vida,
de la armadura
de mi vanidad,
esa vana creencia
de ser yo la realidad,
que mis palabras
en sí
eran una verdad causal,
que el rigor
de tus ojos
implicaba mi única
oscuridad anhelada,
aquella que se viste
de incierta,
mortal.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2012
Libro: Escritos Metalúrgicos / 2012

@cifuenteslucic

Fotografía: “Muro”.
Original de Chicho Valentino (España). Usado con permiso del autor. Todos los derechos reservados ©.

Tarapacá

De estas tierras surgió mi ceniza mezclada y lavada con un desordenado tinte de sangre española, criolla, eslava y diaguita, casi amanecida y nutrida desde las mismas salitreras que hoy son ruinas de mariposas amarillas y gastados sueños de sulfatos y costras y borras de arcilla y recuerdos. Del desierto. Aunque lo mío es más cerca del mar: qué diablos, hubo que dejar el lecho maternal, enristrar por otras ciudades y calles, empiparse cuanto mosto se cruzase y perderse en un tropel de mujeres hasta encontrar el amor y la paz cerca de los cuarenta y cinco, con hijos y libros a cuestas, y un número enorme de pecados y pecadillos por callar mientras sonrío caminando entre las luces y las sombras de este atardecer.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2009

@CifuentesLucic

Fotografía: “Refugio” – Original del autor.